D E R I VA L I T O R A L
Actualizado: hace 3 días
WORKSHOP DIRIGIDO POR LA ARTISTA CLARA NUBIOLA

DIBUJOS REALIZADOS :
(collage de mis dibujos escaneados)
Cuando visitamos un lugar, solemos hacer siempre lo mismo: ir a la iglesia, al casco antiguo, a la plaza mayor, a lo que todo el mundo dice que hay que ver. En este caso, nos olvidamos de los puntos fotografiables y nos dejamos llevar por el recorrido, sin saber si nos cruzaremos con un edificio importante o solo con el bar donde se junta la gente del barrio. Clara Nubiola, nos pidió fijarnos en todo, no solo en lo estéticamente bonito del lugar. En una conversación que se oye al pasar, un sonido, una señal, una fachada cuidada al lado de otra abandonada. Es decir, mirar el lugar desde la escala de quien lo vive cada día.


Desde el primer momento, lo que más se imponía era el contraste. En las calles aparecían solares vacíos, casas abandonadas y edificios en ruinas a pocos metros del centro, mientras que en la costa se multiplicaban las estructuras geométricas, las pérgolas nuevas y las farolas rojas de gran tamaño. El casco histórico y sus calles mantenían una mayor unidad, mientras que la costa presentaba un carácter diferente. En nuestro tramo del panel lo resumimos como "2 épocas, 1 suelo". Esta misma diferencia se hacía visible en las fachadas, donde conviven edificios cuidados con otros más deteriorados, y también en los árboles, algunos con alcorques de madera bien conservados y otros sin apenas mantenimiento.

Al analizar los dibujos que fuimos realizando, pudimos identificar qué elementos del espacio concentran la atención y cuáles quedan en un segundo plano. Entendimos que se trata de un lugar concebido principalmente para ser recorrido o contemplado por el visitante, pero que no llega a generar un verdadero sentido de pertenencia para quienes lo habitan. Por ello, en el panel lo definimos como un espacio impersonal y hostil, al no terminar de acoger a quien vive en él.

Las entrevistas no solo confirmaron esta impresión, sino que permitieron concretarla desde la experiencia de quienes viven en Vinaròs. Una pareja de Huesca que vive allí todo el año nos habló de casas en ruinas y solares que rompen la armonía del pueblo, de pasos de cebra sin pintar y de calles de la costa norte sin alumbrado municipal, donde, según ellos, son los propios vecinos quienes deben asumir el coste de las farolas. Ella la bautizó como "la ciudad sin luz" y confesó sentirse "como un extranjero" pese a vivir allí durante todo el año. Estas situaciones muestran cómo algunas necesidades básicas de los residentes parecen ser desatendidas frente a otras prioridades.
La conversación con una vecina mayor de Vinaròs mostró una problemática similar, pero desde la memoria y la transformación del espacio público. Recordaba la plaza del Mercado como el lugar donde, de niña, jugaba, patinaba y montaba en bicicleta cuando el mercado terminaba. Hoy, es una plaza de bares y terrazas donde los niños ya no juegan. Habló de las casas modernas de la calle Socors, de una puerta modernista derribada hace poco y de una iglesia dejada caer hasta su demolición.

Aunque sus testimonios parten de experiencias diferentes, ambos coinciden en una misma percepción: Vinaròs parece prestar mayor atención a aquello que atrae al visitante y genera actividad económica, que a aquello que garantiza la calidad de vida cotidiana de sus habitantes.

Una farola desproporcionada, una plaza ocupada por terrazas o una vivienda en ruinas pueden parecer detalles menores, pero en realidad condicionan la manera en la que se vive un lugar: determinan si un niño puede jugar en la calle, si una persona mayor dispone de un espacio donde sentarse o si un vecino llega a sentir ese espacio como propio.
A partir de la actividad, me planteo qué tenemos realmente en cuenta cuando analizamos un lugar que no conocemos. Es fácil centrar nuestra atención en aquello que destaca a primera vista, cualquier elemento que identifiquemos rápidamente como representativo del lugar. Sin embargo, el ejercicio nos llevó a prestar atención a aspectos mucho más cotidianos.
En este sentido, creo que se entiende mucho mejor el enfoque que nos presentó Clara Nubiola en la charla antes de comenzar el ejercicio. Su manera de observar un espacio consistía precisamente en no quedarse únicamente con aquello que normalmente miraríamos en primer lugar, sino en analizar todo lo que lo compone. Qué elementos llaman la atención, cuáles pasan desapercibidos, qué se cuida, qué se abandona, cómo se utiliza el espacio y qué necesidades aparecen en la vida cotidiana. Al ampliar esa mirada y observar el territorio en su conjunto, se obtiene una imagen mucho más completa de cómo se está habitando un lugar. Y creo que esa es una de las principales conclusiones que saco, para comprender realmente un espacio, debemos fijarnos en todo aquello que, aunque pueda parecer secundario, forma parte de la experiencia diaria de quienes viven allí.

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